Tarsila: Estudios y Anotaciones

Con curaduría de Aracy Amaral y de Regina Teixeira de Barros, exposición reúne 203 obras que estuvieron escondidas durante más de cinco décadas de la vista del público

Tarsila do Amaral (1886-1973) tenía la costumbre de llevar consigo cuadernos de anotaciones para dibujar. Con el lápiz sobre un pedazo de papel, eternizaba en dibujos los paisajes por donde pasaba. Los esbozos y estudios ayudaban en la formación de su pensamiento artístico y, a veces, servían de base para su obra pictórica, vertiente más conocida y por la cual era aclamada. Un conjunto raro compuesto por 203 de estos dibujos se exhibirá en la muestra Estudos e Anotações (Estudios y Anotaciones), en cartelera a partir del 14 de marzo, en la Fábrica de Arte Marcos Amaro – FAMA Museo, institución con sede en Itu, ciudad vecina de Capivari, donde nació la artista.
Lejos de la vista del público hace más de cinco décadas, engavetados en una colección privada, los dibujos se exhibieron una única vez, en 1969, en el Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro, en exposición organizada por la crítica e historiadora de arte Aracy Amaral, quien ahora firma la curaduría de la actual muestra, al lado de la investigadora Regina Teixeira de Barros.
Al llegar al acervo de FAMA, con daños ocasionados por el tiempo y por la falta de cuidados museológicos, las obras se sometieron a un minucioso proceso de restauración. “Esa colección, prácticamente desconocida, tiene un valor inestimable para la memoria de la cultura brasileña y contribuye, de forma efectiva y con criterio, como herramienta pedagógica de la institución para la formación de niños y jóvenes estudiantes que serán, en un futuro cercano, el público del arte”, dice Ricardo Resende, curador del museo.
Producidas entre 1910 y 1940, las obras registran las variadas fases de la artista y presentan temas recurrentes en su lenguaje, como las vistas de viajes que ella realizaba por todo Brasil, desde las bucólicas ciudades históricas mineiras (del Estado de Minas Gerais), hasta sus andanzas por Europa y por el desierto de Egipto. “El conjunto nos comunica no solamente las diversas etapas del trabajo de Tarsila, sino también las innumerables actividades que están relacionadas con sus dibujos: estudios, academias, esbozos de futuras obras, paisajes urbanos o rurales, registros de viajes, proyectos de vestuarios para balé, esbozos de ilustraciones para libros, escenas de interiores posteriores a la década de 1940”, explica Aracy Amaral.
Son trabajos realizados con la perfección y rigor que la artista absorbió de las clases con Pedro Alexandrino (1856-1952), pintor académico, formado en el esmero de la escuela francesa, que consideraba el dibujo como la base fundamental de la buena pintura. Fue con Alexandrino, también, que Tarsila adquirió el hábito de llevar cuadernos de anotaciones y preservar el trazo de las pinturas por medio del calco. “La costumbre de llevar consigo cuadernos de bolsillo coincidía con las recomendaciones de las academias, que sugirieron que los aprendices tuvieran siempre un cuaderno a mano para anotar, de forma leve y sintética, las escenas y los objetos que llamaran su atención”, cuenta Regina Teixeira de Barros.
Después de la iniciación sistemática en São Paulo con Alexandrino, Tarsila va a Paris, donde residió desde 1920 hasta 1922. En la capital francesa, ella estudió en la renombrada Académie Julian, en la cual dio continuidad a los estudios de cuño académico y, después, con el pintor Emile Renard, con estudios más sueltos y vigorosos.
“Hubo una pausa entonces, aunque haya tenido, también en 1922, una primera presencia en el Salon des Artistes Français en París. Volviendo a São Paulo en ese efervescente año de 1922 y en ese período, conoce modernistas que ya se reunían para discusiones sobre arte”, relata Aracy Amaral.
Tarsila, que ya conocía a Anita Malfatti, es presentada a los artistas, escritores e intelectuales que habían participado en la Semana de Arte Moderno, como Mário de Andrade (1893-1945), Menotti Del Picchia (1892-1988) y Oswald de Andrade (1890-1954). El contacto con los jóvenes modernistas impulsa a la artista a buscar nuevos horizontes para su obra y, al regresar a París, entre 1922 y 1923, con el fin de ampliar y modernizar su repertorio plástico, ella busca la orientación de maestros cubistas como André Lhote (1885-1962), Albert Gleizes (1881-1953) y Fernand Léger (1881-1955).
Con Lhote, Tarsila continuó ejercitando el dibujo de desnudos, pero esta vez geometrizando el contorno de las figuras. Con Gleizes, cambia el cuerpo humano por formas rectangulares y desarrolla una serie de composiciones que, según Aracy Amaral, constituyeron un trabajo de depuración, equilibrio, construcción y simplificación.
De Léger, ella absorbió la teoría de los contrastes plásticos, que consistía en agrupar valores contrarios, como superficies planas en oposición a superficies modeladas, personajes en volúmenes opuestos a las fachadas planas de las casas, humo en volúmenes modelados opuestos a superficies arquitectónicas vivas, tonos puros planos opuestos a tonos grises modelados o inversamente. En la exposición, figuran algunos de estos estudios y esbozos, a ejemplo de Mulher de máscara (Mujer de Máscara) (1925), Saci e três estudios de bichos (Saci y tres estudios de bichos) (1925), y Beatriz lendo IV (Beatriz leyendo IV) (1945).

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